A propósito del vertiginoso caos citadino en el cual tengo que vivir y a veces siento que se lleva mi tiempo tan rápido que no me doy cuanta, de los cumpleaños y de una extraña alegría que me invadió estos últimos días… lo leí y me gusto y pues ahí les va…
Las ciudades y la memoria 2.
Al hombre que cabalga largamente por las tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte catalejos y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las peleas de gallos degeneran en riñas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidoro es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidoro llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.
Italo Calvino, en Las ciudades invisibles.
Las ciudades y la memoria 2.
Al hombre que cabalga largamente por las tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad. Finalmente llega a Isidora, ciudad donde los palacios tienen escaleras de caracol incrustadas de caracolas marinas, donde se fabrican con todas las reglas del arte catalejos y violines, donde cuando el forastero está indeciso entre dos mujeres siempre encuentra una tercera, donde las peleas de gallos degeneran en riñas sangrientas entre los que apuestan. En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidoro es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidoro llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar a la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.
Italo Calvino, en Las ciudades invisibles.
